La línea de tiempo

El vídeo publicitario es la mejor herramienta para acercar al cliente los valores de la empresa, sus productos o servicios. Queremos compartir con vosotros los secretos de uno de los pasos determinantes de la producción de un video corporativo o video publicitario. La edición.

Tras el proceso de guión donde se comparte con la empresa todos los aspectos que deben aparecer en el audiovisual y tras el tratamiento creativo, realización y grabación el editor (o montador de video) cuenta con múltiples clips de video para montar la pieza audiovisual. Es en este paso, la edición, donde se dará la forma final a la pieza desde tres ejes; el ritmo, la cadencia y el audio.

El proceso de montaje se realiza ya con programas de edición de video, pero solo los editores de video profesional te permiten realizar múltiples ajustes en cuanto a las características de color de cada toma, como de la edición multicapa de video, añadir animaciones o infografías y trabajar con canales de audio y efectos. Todo el proceso sigue unos standards de calidad que permitirán que ese audiovisual sea publicado en diferentes soportes o emitidos en campañas de TV.

Uno de los mayores problemas en la edición de video es comprimir en la linea de tiempo tanta información. Para un vídeo de minuto y medio se puede contar perfectamente con más de una hora de vídeo los cuales serán analizados para su elección en montaje final. Lo más complicado de una pieza audiovisual es explicar en el menor tiempo posible el objetivo de comunicación que requiere la pieza. Si planificamos un vídeo de 2 minutos pero en la edición conseguimos explicar lo mismo en minuto y medio será esta segunda la mejor opción, basándonos en una de las características del audiovisual, la elisión de tiempo.

En el montaje es donde damos rítmo al vídeo, donde damos homogeneidad en tratamiento de color siguiendo unas guías o patrones según el manual de imagen de la empresa y donde enfatizaremos con voces, y efectos de audio aquellos aspectos que se consideran más relevantes. Al fin y al cabo hablamos de un rompecabezas, donde cada pieza cuenta con una unidad de comunicación y es sólo el montador el capaz de amoldar esas piezas.